Este mes de julio las visitas de GarVEO están llenas de  historias de misterios, fantasmas, brujas y casas encantadas. Aunque algunas de estas historias son próximas a nuestro tiempo, como los sucesos del Museo Reina Sofía o el famoso fantasma del Palacio de Linares, a lo largo de los siglos las leyendas truculentas  se han ido popularizando de boca en boca por todo Madrid.

Si nos remontamos al siglo XVII, los exorcismos estaban a la orden del día en parroquias como la de San Pedro el Viejo en el barrio de la Latina, una de las iglesias más antiguas de época medieval  de la que debemos sentir orgullo por conservar  su torre mudéjar prácticamente intacta. En ella trabajó como capellán y exorcista uno de nuestros protagonistas de hoy: Genaro Andreini.

Andreini  nació en la región italiana de Calabria y vino a Madrid casi por casualidad. El objeto de su tan largo viaje desde Italia fue el de conocer el sepulcro de Santiago Apóstol a quien según él, debía el poder de realizar exorcismos.  Llegó a la Villa y Corte y fue capellán del conde de Lemos y de la iglesia de San Pedro el Viejo, que ya contaba antes de su llegada con historias truculentas como la de sus campanas que tocaban solas o la de aquel caballero que el sacristán encontró emparedado tras los muros de su sacristía. Pero esas y otras leyendas las dejaremos para otra entrada.

Genaro Andreini se hizo pronto famoso en Madrid por llenar las calles de historias de espíritus y malignos sucesos, hasta tal punto que todos aquellos madrileños crédulos de habladurías sobre fantasmas y diablos, pasaron por las manos del famoso calabrés. Y es que Andreini con tanto chismorreo debió desatar el pánico entre las parroquianas, que hasta tuvo que intervenir la Santísima Inquisición. Tras huir de Madrid le perdimos la pista, pero nuestro gran Quevedo nos recuerda al capellán en un romance dedicado expresamente a su trabajo:

«Venid, viejas, a San Pedro.
Llegad, que ya está el beato
Andreini, con hisopos
Preparado a buscar diablos».

Pero este no va a ser el único momento en el que se debieron realizar exorcismos en Madrid. En el pasado fue habitual  encontrarse con personas que decían haber visto al Diablo. Historias endemoniadas que solían surgir en los mentideros de la Villa y se expandían rápidamente como bolas de nieve  sembrando el pánico por toda la ciudad.

Sin ir más lejos, durante la construcción de la Real Casa de Correos en la Puerta del Sol en el siglo XVIII, se sabe de la contratación del Padre López, sacerdote de la cercana iglesia del Buen Suceso. Que un capellán bendijera una nueva construcción era normal, pero que un sacerdote como el Padre López estuviera en nómina durante un tiempo junto a los albañiles, debió ser algo excepcional.

Cuentan que el Padre López tuvo que intervenir para ahuyentar al mismísimo diablo que además era antifrancés. Los trabajadores se quejaban de verse intimidados por el Diablo, quien amenazaba a los obreros con arder en las llamas del infierno si seguían bajo la orden de su capataz Jacques Marquet. Nos imaginamos al padre López cruz en mano, bañando a los obreros de agua bendita y rezado en cada esquina de la construcción para evitar que alguno acabara siendo pasto de las llamas. ¿Por qué tanta animadversión a Jacques Marquet? Probablemente por ser francés y por sustituir al arquitecto que previamente había sido llamado para hacer las obras: el ciempozueleño, madrileño y español, Ventura Rodríguez. ¿Tendrían que ver Ventura Rodríguez de que en Madrid no se hablara de otra cosa?

La Real Casa de Correos vuelve a estar en obras, habrá que estar atentas a las presencias…