Hoy comienza el invierno,  el día más corto del año,  y aunque en Madrid haga frío, brilla el sol. Lejos  quedan esas imágenes de paisajes y calles nevadas, pero festejemos la llegada del solsticio de invierno con la obra de uno de los artistas más admirados y reconocidos de nuestra historia y que tanto nos gusta.

«La nevada» o «El invierno» de Francisco de Goya.

Frente al romanticismo de las postales de invierno, la realidad de un duro camino nevado y la fragilidad de los árboles que se agitan rudamente con el viento.

Goya describe la fuerte ventisca que ladea a los personajes centrales de la escena y dificulta sus andares. Bajo las mantas zamoranas caminan lentamente con la cabeza gacha,cerrando los ojos, evitando que la nieve azote en sus mejillas, mientras el perro asustado se detiene con el rabo entre las patas contemplando la llegada de dos hombres más.

El artista hace referencia al invierno de forma realista, costumbrista, como él sólo ha sabido hacer en sus cartones para tapices pensados para decorar el Palacio del Pardo de Madrid. Es invierno, nieva, hiela, hace frío y con él, se sufre de camino a la tradicional matanza del cerdo que el burro transporta en su lomo abierto en canal. Es una imagen que dista mucho de la idea romántica que muchos pintores de su misma época quisieron dar a esta estación. Un invierno triste, de poca luz que dificulta la vida diaria de muchas personas y que sin embargo es admirado por muchos.

“La nevada” forma parte de un conjunto de cartones dedicados a las estaciones del año y a escenas costumbristas de asunto jocoso que nunca llegaron a colgarse en el palacio por la muerte de Carlos III en 1788. Hoy podemos contemplar la escena en el Museo del Prado.