El otoño para muchas personas es la estación más bonita del año. Ese es mi caso. Los colores del otoño se pueden disfrutar en jardines como El Botánico.

El Jardín Botánico original de Madrid no estuvo en el Paseo del Prado tal y como lo conocemos hoy. Tenemos que remontarnos a 1755, año en el que el rey Fernando VI aprobó su fundación en el Soto de Migas Calientes camino del Pardo, un jardín en origen pensado para el estudio  y conocimiento de la botánica. Era un lugar reducido y además estaba lejos de la Villa, motivo por el cual poco a poco fue siendo abandonado hasta que en 1773 se planteó la conveniencia de trasladarlo al lugar donde lo podemos visitar hoy. Próximo a la Puerta de Atocha, a las huertas del Prado Viejo y a las huertas de los Jerónimos, el 25 de julio de 1774 el mismísimo Carlos III aprobaría su desplazamiento y la compra de los suelos necesarios para su construcción.

La elección del Prado como nuevo enclave para el jardín no fue una decisión trivial. Con la instalación del Botánico en esta zona de Madrid se cumplían varios objetivos. Por un lado, se solventaba el problema del tamaño y de lejanía, al elegir esta zona de antiguos baldíos y tierras de labor, y por otro, se cumplía el deseo explícito del rey de contribuir al embellecimiento de la ciudad con la construcción de edificios públicos. El Botánico se convirtió en la primera de las construcciones del programa ideado para el Prado de Atocha  que con la Academia de las Ciencias, actual Museo del Prado y el Observatorio Astronómico, compusieron el conjunto de edificios destinados a las Ciencias en Madrid.

El proyecto fue encomendado al primer arquitecto del rey, Sabatini, quien no sólo planificó la construcción del edificio sino también las viviendas para los catedráticos y capataces y un laboratorio químico para el estudio de las plantas. Manos a la obra, lo primero que se tuvo que hacer fue el cerramiento de los suelos adquiridos y la cubrición del arroyo que discurría en paralelo a las fincas. Siguiendo siempre las instrucciones del monarca, Sabatini planteó la construcción de un paredón como sistema de fortificación de los terrenos que confinaban en el barranco.

Tras la conclusión de las cercas, Sabatini planteó emprender las tareas de terraplenado y división de los suelos para la repoblación del jardín y presentó un plano general del conjunto, concebido como la base de un polígono de siete lados rematado con una elipse final rodeado del resto de los suelos que integraban el conjunto destinados a huertas y viveros. Estructuró el jardín en 3 niveles en ligero ascenso en línea con el Prado hasta el último piso donde proyectó los edificios destinados a las actividades científicas, laboratorio químico e invernaderos incluidos en el espacio de la elipse y presididos por la escultura del rey montado a caballo, una composición que además se podía ver a través de las verjas, desde el paseo. Los distintos planos se comunicarían a través de escalinatas.  En 1779, la idea de cubrir el arroyo frente al jardín cobró nuevo impulso con la canalización de los vertidos que procedían del monasterio de los Jerónimos y el Buen Retiro hasta el badén del Prado frente a la calle de las Huertas.

En cuanto al acceso del Botánico desde el Prado, Sabatini proyectó la portada en el punto  medio de la fachada, en eje con lo que después sería el laboratorio químico, última referencia visual del conjunto y la escultura ecuestre del rey. Concibió una estructura a partir de un esquema de tres partes con un arco central flanqueado por columnas dóricas y coronado con un frontón y dos cuerpos adintelados a los lados.

Aunque los planes de Sabatini no se llevaron literalmente a cabo, sí que dio las claves que definieron el conjunto, como la construcción del Laboratorio Químico que sería dependiente del Botánico. El proyecto del laboratorio y la portada del Botánico durante mucho tiempo se le atribuyó a otro arquitecto, Juan de Villanueva, pero fueron idea de Sabatini, que proyectó una construcción de grandes pretensiones, reflejo de la grandiosidad dada a los edificios durante el reinado de Carlos III, de clara influencia italiana. Desafortunadamente la propuesta quedó sólo en papel. Juan de Villanueva se encargó de la construcción de los invernaderos y la puerta de Murillo, lateral del Jardín frente a la antigua Academia de las Ciencias, hoy Museo del Prado.

“Carolus III, P.P. Botanices instaurator civium saluti et obletamento, anno, MDCCLXXXI” ,el jardín quedó inaugurado en 1781 bajo la protección real. Hoy podemos disfrutar de un estupendo paseo por los jardines del Botánico. Es un lugar acogedor, con una gran variedad de plantas que muchas podéis ver descritas en pequeños carteles que acompañan a cada especie. Un lugar con mucha historia que no te dejará indiferente.

Texto adaptado de «El Paseo del Prado de Madrid. Arquitectura y desarrollo urbano en los siglos XVII y XVII» de Concepción Lopezosa Aparicio.